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jueves, 23 de enero de 2014

La Cinta de Moebius del Multiverso


 O como de una superficie sin reverso y de un solo canto, por lo tanto monodimensional, puede surgir una realidad multidimensional.

Nuestros científicos saben que todo lo que hay en el Universo es Energía en diversas formas de manifestación y que esta Energía podemos visualizarla, metafóricamente, como una simple banda cromática que iría desde el infrarrojo hasta el ultravioleta pasando por una infinita combinación de dichos colores.

Hasta el presente, dicha representación a modo de arco iris, se mostraba en forma circular en forma de aro o, de forma más sofisticada, mediante una esfera; pero si en realidad la Teoría de Cuerdas tuviese algún fundamento científico y todo no fuese más que un infinito caldo de cuerdas vibratorias en diferentes frecuencias y combinadas formando superficies denominadas branas o súper branas, podríamos encontrarnos que la verdadera representación del multiverso sería lo más parecido a una cinta de Moebius interminable.

La Cinta de Moebius posee la característica de que no existe una anti-superficie desperdiciada en contraposición a una superficie manifestada, sino que se trata de una única superficie con un único canto, es decir hablamos de una supercuerda vibratoria en forma de brana, donde no hay una confrontación de opuestos sino que existe una permanente gradación, dentro de la banda electromagnética, en nuestro caso cromática, pasando por todas las combinaciones posibles sin ruptura alguna. Es decir, dentro de la cinta o banda de Moebius se encontraría todo lo conocido y por conocer dentro de una  continuidad sin fin; pero que no podemos denominar como infinito.

Esto vendría a coincidir con la definición científica de que nuestro Universo aún no siendo infinito, sin embargo no posee unas fronteras determinadas que pudieran ser comparadas con alguna figura geométrica concreta. Lo más parecido a la forma del Universo, según algunas teorías, sería una cósmica silla de montar.

Es curioso observar como en el mundo esotérico esto queda bien reflejado, en forma numérica mediante el ocho que no es otra cosa que una cinta de Moebius vertical y en el sombrero del mago del Tarot que, por el contrario, es esa misma cinta; pero en sentido horizontal. En ambos casos, tanto el ocho como el sombrero del mago representan algo indeterminado o infinito: La eternidad del Cosmos o Mundo en el que vivimos, de donde somos originarios y donde nos encontramos atrapados como si de un hámster se tratara dentro de su bola de juegos y donde fuera no hubiese absolutamente nada.

Dentro de esta línea de investigación se podría terminar demostrándo que el Universo se habría formado a partir no de un estallido subatómico de una singularidad cuántica, tal y como hasta el presente se viene suponiendo sino a partir de la entrada en vibración de una supercuerda, preexistente, que habría dado lugar a una superficie bidimensional o brana y por último a una forma tridimensional o súper brana, donde la vida y la consciencia vendrían a ser posibles. Recordemos el Verbo bíblico y la música de las esferas del Renacimiento.

Esa supercuerda podría ser perfectamente una partícula infinitesimal, ahora sí, de un multiverso infinito, preexistente, eterno y sin dimensiones y cuya única definición posible pudiera ser "Mente".


ARALBA

viernes, 23 de noviembre de 2012

Posible prueba empírica de la Teoría de Cuerdas

Utilizando predicciones sobre el entrelazamiento cuántico, científicos esperan constatar su funcionamiento

 

La Teoría de Cuerdas es un modelo de la física del que algunos esperan que llegue a surgir la anhelada “Teoría del Todo”, para describir cualquier fenómeno de la Naturaleza. Sin embargo, hasta la fecha, la veracidad de dicha Teoría no se ha podido constatar empíricamente. Ahora, un equipo de investigadores del Imperial College London proponen que se demuestre a través de un fenómeno con el que nunca había sido relacionada: el entrelazamiento cuántico. Por Yaiza Martínez.



Michael Duff. Fuente: Imperial College London.
Michael Duff. Fuente: Imperial College London.
La Teoría de Cuerdas es un modelo de la física en el que se contemplan las partículas materiales puntuales como si éstas fueran "estados vibracionales" de objetos denominados "cuerdas" o "filamentos".

Así, según esta perspectiva, por ejemplo, los electrones no serían “puntos” u objetos puntuales sino minúsculas cuerdas que vibrarían en un espacio-tiempo de más de cuatro dimensiones, pudiendo no sólo moverse como un punto en un espacio tridimensional sino, también, oscilar de distintas maneras para comportarse como un fotón, un quark o cualquier otra partícula subatómica.


Los seguidores de la teoría de cuerdas consideran que esta teoría es la mejor candidata para convertirse en una Teoría Unificada o
Teoría del Todo, es decir, una teoría capaz de describir todos los fenómenos ocurridos en la naturaleza debido a las cuatro fuerzas fundamentales: la fuerza gravitacional, la fuerza electromagnética y las fuerzas de interacción nuclear fuerte y débil.

Sin embargo, hasta la fecha, no ha sido posible aportar prueba experimental alguna que avale la Teoría de Cuerdas, por lo que ha llegado a ser tachada como “pseudociencia” por algunos especialistas.


Posible comprobación empírica


Ahora, un equipo de investigadores del
Imperial College London describe, en un artículo publicado por la revista Physical Review Letters, cómo llevar a cabo la primera prueba experimental sobre la validez o invalidez de la Teoría de Cuerdas.

Según ellos, la Teoría de Cuerdas parece predecir un comportamiento de las partículas subatómicas conocido como
“entrelazamiento cuántico”, por el que los estados de dos o más partículas se vuelven tan inextricablemente interconectados que ninguno de ellos puede describirse por separado.

Tanto es así, que incluso cuando dos partículas “entrelazadas” distan entre sí millones de kilómetros, en cuanto se cuantifica el estado de una de ellas, el de la otra se conoce al instante.


Dado que el entrelazamiento cuántico se puede probar en laboratorio, se podría utilizar para comprobar que las predicciones de la Teoría de Cuerdas sobre este comportamiento subatómico son verídicas, explican los investigadores en un
comunicado del Imperial College London.

Aplicación en un área inesperada


Según los científicos, utilizar la Teoría de Cuerdas para predecir cómo se comportan las partículas cuánticas entrelazadas supondría, por tanto, la primera oportunidad de probar dicha teoría mediante experimentación.


En otras palabras, señala el profesor
Michael Duff, del Departamento de Física Teórica del Imperial College y director de la presente investigación: “si los experimentos demuestran que nuestras predicciones sobre el entrelazamiento cuántico son correctas, esto demostrará que la Teoría de Cuerdas “sirve” para predecir el comportamiento de los sistemas cuánticos entrelazados”.


Escalas de realidad: mundo macroscópico, molecular, atómico, subatómico, y cuerdas. Imagen: Rogilbert.
Escalas de realidad: mundo macroscópico, molecular, atómico, subatómico, y cuerdas. Imagen: Rogilbert. 
Esta demostración no probará que esta Teoría es la mejor opción para generar una “Teoría Unificada” o “Teoría del Todo”, pero sí podría resultar de gran importancia para los físicos teóricos, ya que demostraría la aplicación de la Teoría de Cuerdas a un área inesperada.

Hallazgo casual


El establecimiento de una relación entre la Teoría de Cuerdas y el entrelazamiento cuántico fue prácticamente casual. Según explica Duff, se produjo durante una conferencia en Tasmania en la que otro físico presentaba fórmulas matemáticas que describían el entrelazamiento cuántico.


En medio de dicha conferencia, de pronto, Duff se dio cuenta de la similitud entre las fórmulas presentadas por su colega, y otras que él mismo había desarrollado unos años atrás al utilizar la Teoría de Cuerdas para describir los agujeros negros.


Cuando Duff regresó al Reino Unido, revisó sus notas de entonces y confirmó que las matemáticas empleadas en ambos casos eran idénticas.


En concreto, Duff y sus colaboradores constataron que la descripción matemática de las características del entrelazamiento entre
qubits (unidad mínima y por lo tanto constitutiva de la información cuántica) se asemejaba a la descripción matemática, mediante la Teoría de Cuerdas, de una clase particular de agujero negro.

De esta forma, los científicos comprendieron que combinando los conocimientos acerca de dos de los más extraños fenómenos del universo: los agujeros negros y el entrelazamiento cuántico, podrían usar la Teoría de Cuerdas para hacer una predicción que, a su vez, podría ponerse a prueba.


La predicción se hará sobre el patrón del entrelazamiento entre cuatro qubits entrelazados, una fenómeno que se puede medir en laboratorio. La exactitud de esta predicción será considerada una prueba de la veracidad de la Teoría de Cuerdas.


Algo muy profundo o mera coincidencia


Por el momento, no hay una explicación obvia sobre el porqué una teoría que está siendo desarrollada para describir el funcionamiento fundamental de nuestro universo resulta también útil para predecir el comportamiento de los sistemas cuánticos entrelazados.


Según Duff, no hay ninguna conexión obvia para explicar por qué una teoría que está siendo desarrollada para describir el funcionamiento fundamental de nuestro universo es útil para predecir igualmente el comportamiento de sistemas cuánticos entrelazados. “Esto puede ser un detalle muy profundo sobre el mundo en que vivimos, o puede ser nada más que una coincidencia peculiar. De cualquier manera, resultará útil”, afirmó el científico.


Descargar el artículo original

miércoles, 24 de octubre de 2012

DETECCIÓN DE ONDAS GRAVITACIONALES


Los primeros intentos para detectar ondas gravitacionales fueron llevados a cabo por  Joseph Weber. Joseph Weber empezó sus estudios en Física a los 29 años, después de haber participado en la Segunda Guerra Mundial. Trabajó un año en el grupo de John Wheeler, llegando a dominar la Relatividad General. Fue en ese entonces, por 1957, cuando decidió que construiría un aparato capaz de detectar la radiación gravitacional.
Después de mucho pensar, se decidió por una barra cilíndrica de aluminio de 2 metros de longitud y medio metro de diámetro. La idea era la siguiente:cualquier sólido  tiene una frecuencia natural de oscilación, que depende, para nuestros propósitos, esencialmente de su tamaño. Si uno perturba la barra (con un leve golpe por ejemplo), esta responderá con una oscilación, que será máxima cuando la perturbación esté afinada a la frecuencia natural de oscilación. Los instrumentos musicales se basan en este principio. Comparemos un violín y un contrabajo, por ejemplo. El violín (pequeño) genera un sonido más agudo que el contrabajo (grande). Si una onda gravitacional con la misma frecuencia de vibración del cilindro llegara a pasar a través de éste, el cilindro vibraría con una amplitud relativamente grande. Weber esperaba poder detectar estas vibraciones.
En ese entonces el estudio sobre ondas gravitacionales era muy reducido, por lo que no mucha gente tenía esperanzas en el experimento de Weber. Por otro lado, Weber no sabía que las vibraciones en el cilindro serían del orden de  metros, una magnitud inmensurable en ese entonces.
Una de las grandes limitaciones de este método de detección de ondas gravitacionales es que es muy difícil eliminar el “ruido”, es decir, las vibraciones que se generan a nuestro alrededor y que nada tienen que ver con ondas gravitacionales (por ejemplo, las ondas sísimicas). Por otro lado, no se sabía con certeza de qué orden serían las frecuencias de las ondas gravitacionales, por lo que en vez de usar un solo cilindro, se tenían que usar varios cilindros de distintos tamaños, esperando que la frecuencia natural de alguno coincidiese con la frecuencia a la que llegaran las ondas gravitacionales.
Poco tiempo después de haber empezado su búsqueda, Weber reportó que había detectado ondas gravitacionales. Esto hizo que un número mucho más grande de científicos se concentraran en la tarea de la detección de ondas gravitacionales. Ninguno pudo confirmar los resultados de Weber, y ahora sabemos que las señales que recibió se debían probablemente al ruido de fondo. Sin embargo, ya la atención estaba fija en la detección de ondas gravitacionales alrededor del mundo.
Debido a que con los detectores de barra no se estaban obteniendo los resultados esperados en la detección de ondas gravitacionales, se empezaron a buscar otras alternativas. 

En 1962 dos rusos, Mikhail Gertsenshtein y V.I. Pustovoit idearon un nuevo método de detección: detectores interferométricos de ondas gravitacionales.

La interferencia es un fenómeno ondulatorio. Cuando dos o más ondas se propagan en la misma región del espacio, las contribuciones de ambas se suman. Por ejemplo si el valle de una onda coincide con la cresta de otra, éstas se cancelarían, dándose una interferencia negativa. Si por el contrario coinciden dos crestas, la amplitud de la onda aumentaría, dándose una interferencia positiva.
Basándose en este fenómeno, se pueden hacer medidas muy precisas sobre la diferencia de camino recorrido entre dos ondas. Para llevar a cabo estas medidas se usan aparatos llamados interferómetros.
La idea para aplicar la interferometría a la detección de ondas gravitacionales es muy simple. Supongamos que tenemos un interferómetro en forma de L .Como ya se mencionó antes, las fuerzas de marea generadas por las ondas gravitacionales estirarían uno de los brazos de la L (el brazo L1) y encogerían el otro (L2). Al oscilar la onda gravitacional se invertiría el efecto, es decir, se encogería L1 y se estiraría L2. Ahora, supongamos que tenemos un haz de láser dividido entre los dos brazos de L. Al variar las distancias de los brazos de la L debido a la presencia de ondas gravitacionales, el haz de luz del láser presentará interferencia. Midiendo esta interferencia es posible encontrar el cambio en la longitud de los brazos provocada por las ondas gravitacionales.
También ya se mencionó antes que las ondas gravitacionales perturban al medio que atraviesan en una escala muy pequeña. Es por esto que los interferómetros necesarios para su detección tienen que ser muy grandes, en donde las longitudes de los brazos tienen que ser del orden de kilómetros. En EUA ya se construyeron dos detectores interferométricos de ondas gravitacionales, llamadosLIGO (Laser Interferometric Gravitational wave Observatory). Uno de ellos fue construido en Hanford, Washington y otro en Livingston, Luisiana. En estos detectores la luz viaja por brazos de 4 kilómetros de largo, en túneles donde se ha hecho un vacío casi perfecto. Al final de cada túnel hay una masa cubierta con una capa reflectora, suspendida con un dispositivo que filtra gran parte de las vibraciones del exterior.
En Europa, cerca de Pisa, Italia, se construye otro interferómetro con el mismo principio, VIRGO, con brazos de 2 kilómetros de largo.

Estos aparatos ya están funcionando, y se encuentran en la etapa inicial de calibración y ajuste. Se espera que en los próximos años se pueda reducir el nivel de ruido lo suficiente como para hacer una detección directa de ondas gravitacionales.

A pesar de que aún no se tiene evidencia directa de estas ondas gravitacionales, dos astrónomos, Joseph Taylor y Russell Hulse, probaron la existencia de ondas gravitacionales mediante observaciones astronómicas en 1793. Por medio de un radiotelescopio, ellos encontraron dos estrellas de neutrones, una de ellas es un pulsar, orbitándose mutuamente con un periodo de 8 horas. Las estrellas se encuentran tan cerca una de la otra, que mediante medidas muy precisas con instrumentos de radio, comprobaron que la distancia entre las estrellas  está disminuyendo progresivamente, haciendo que éstas sigan una trayectoria espiral al ritmo descrito por las ecuaciones de Einstein con altísima precisión (como se puede observar en la figura, las barras de error son casi imperceptibles) Imágenes. Este efecto de espiral se debe a la liberación continua de ondas gravitacionales hacia el espacio. Debido a este descubrimiento, y a su corroboración con la teoría a lo largo de los años, Taylor y Hulse recibieron el Premio Nobel en 1993.


ORIGEN ARTÍCULO

viernes, 5 de octubre de 2012

El Universo Holográfico: Su descubrimiento podría anunciar una nueva era en la Física


Los investigadores de la Universidad de Cardiff, que son parte de un equipo británico-alemán que busca en las profundidades del espacio para estudiar las ondas gravitatorias, han encontrado uno de los más importantes descubrimientos de la física.

Craig Hogan, un físico de Fermilab Centre for Particle Astrophysics en Illinois, está convencido de haber encontrado la evidencia de un universo holográfico en los datos recogidos por el detector de ondas gravitacionales GEO600, y que eso podría explicar el misterioso ruido detectado en los datos, que no se había explicado hasta ahora.

Tras el GEO600, un equipo británico-alemán que incluye científicos de la School of Physics and Astronomy's Gravitational Physics Group, ahora llevarán a cabo nuevos experimentos en los próximos meses para obtener más pruebas que avalen las hipótesis de Craig Hogan. Si se demuestra correcta, podría ayudar en la búsqueda para unificar la mecánica cuántica y la teoría de la gravedad de Einstein.

A fin de probar la teoría del ruido holográfico, la frecuencia de sensibilidad máxima del GEO600 se desplaza hacia frecuencias cada vez mayores. La frecuencia de sensibilidad maxima es el tono que el detector puede escuchar mejor. Normalmente se ajusta para ofreca la mejor capacidad para escuchar las explosiones de estrellas o las fusiones de agujeros negros.

Resulta que el misterioso ruido se da tanto en altas frecuencias como en las bajas, esto no constituye prueba alguna de la hipótesis Hogan. Sin embargo, sí supone una fuerte motivación para seguir estudiando. La sensibilidad del GEO600 será mejorado mediante el uso de "vacío exprimido" y por la instalación de un filtro en una nueva cámara de vacío. La tecnología de "vacío exprimido" fue especialmente refinada en Hannover y se utilizo por primera vez en un detector de ondas gravitatorias.

El profesor Jim Hough, de la Universidad de Glasgow, uno de los primeros desarrolladores de detectores de ondas gravitacionales, dice: "Craig Hogan hizo una predicción muy interesante. Puede ser la primera de una serie de inesperadas posibilidades para investigar como los detectores de ondas gravitacionales se vuelven más sensibles".

El profesor Bernard Schutz, de la School of Physics and Astronomy, miembro del Gravitational Physics Group at the School, y recientemente elegido como miembro honorario de la Royal Astronomical Society dijo: "Sería realmente sorprendente si el GEO600 se sensibiliza a la naturaleza cuántica del tiempo y el espacio. La única forma de confirmarlo será llevar a cabo experimentos controlados, cuyos resultados puedan ser atribuidos exclusivamente al ruido holográfico. Este experimento podrán anunciar una nueva era en la física fundamental".

El profesor Dr. Karsten Danzmann, director del Instituto Albert-Einstein de Hannover, comentaba: "Estamos muy ansiosos por saber lo que podemos aprender acerca del posible ruido holográfico en el transcurso del próximo año. El GEO600 es el único instrumento del mundo capaz de probar esta controvertida teoría por el momento. A diferencia de los otros grandes interferómetros láser, el GEO600 reacciona con especial sensibilidad al movimiento lateral del haz de luz, ya que está construido con el principio de reciclaje de señal. Normalmente, esto es un inconveniente, pero necesitamos el reciclaje de señal para compensar la longitud del brazo más corto en comparación con otros detectores. El ruido holográfico, sin embargo, produce exactamente la misma señal lateral, y de esta manera la desventaja se convierte en ventaja en este caso. Se puede decir que esto nos ha colocado en el centro de una tornado en la investigación fundamental"

Buscando la granulación del espacio 

La fracción más pequeña posible de distancia la denominan los físicos "longitud de Planck". Su valor es de 1,6 x 10-35 m., esto es imposible de medir en sí mismo. Las teorías físicas establecidas dejan de funcionar en esta escala. Los científicos del GEO600 están probando un teoría del físico Craig Hoganos de EE.UU., que está convencido de que puede oír el ruido del espacio cuántico en los datos de ondas gravitacionales del detector GEO600. Hogan sugiere que por los espejos de un interferómetro vagan esas pequeñas cantidades de Planck a pasos muy rápidos, que se acumulan durante el tiempo de medición, pasando a ser algo tan grande como lo que una onda gravitacional produciría. Se sigue la cuestión de si una cierta "señal de ruido" en los datos registrados por el detector puede remontarse a la granulación del espacio y tiempo.

El GEO600 

Debido a su innovadora y fiable tecnología, el GEO 600 ha ganado una excelente reputación en todo el mundo, y es considerado un "pósito de ideas" para la observación de ondas gravitatorias. Fue aquí donde se han desarrollado los más modernos láseres del mundo, que están siendo utilizados en todos los observatorios de ondas gravitacionales del mundo. Los investigadores del GEO600 están llevando la tecnología un paso más allá con el 'vacío exprimido'. Esta tecnología se ha designado para usar con la tercera generación de detectores de ondas gravitacionales.

La imagen: Viendo a través de uno de los tubos del GEO600. (Crédito: Instituto Max Planck de Física Gravitacional / Leibniz Universität Hannover)

Publicado en Science Dailey, el 04/01/09
Más información:
* Instituto Max Planck de Física Gravitacional (Inst. Albert Einstein):http://www.aei.mpg.de .
* GEO600: http://www.geo600.de .

lunes, 16 de julio de 2012

Los Evangelios Gnósticos (Rebeca Bordeu)



Descubrimiento de Nag Hammadi.


En diciembre de 1945, un campesino árabe hizo por casualidad un descubrimiento arqueológico cerca del poblado de Nag Hammadi, en el Alto Egipto. Este se ha convertido en fuente imprescindible de estudio para los historiadores de las religiones. Se trataba de 13 papiros, encuadernados en cuero, que muy luego despertaron el interés de todos los especialistas del mundo, ya que serían una de las pocas fuentes directas existentes de los llamados «evangelios gnósticos». Entre los 52 textos descubiertos en Nag Hammadi se encontraban, entre otros, el Evangelio de Tomás, el Evangelio de Felipe, el Apocrifón (literalmente «libro secreto») de Juan, el Evangelio de la Verdad, y el Evangelio de los Egipcios (identificado como el «Libro sagrado del Gran Espíritu Invisible») . También se encontraron entre ellos algunos atribuídos a seguidores directos de Jesús, tales como el libro secreto de Jaime, el Apocalipsis de Pablo, la Carta de Pedro a Felipe y el Apocalipsis de Pedro.

Muy pronto se comprobó que los textos encontrados en Nag Hammadi eran traducciones en escritura copta hechas hace unos 1.500 años de textos aún más antiguos. Los originales fueron escritos en griego, el mismo idioma del Nuevo Testamento. Si bien la datación de estos textos los sitúa alrededor de los años 300 a 400 D.C., ha habido discusión sobre el año en que pudieron haber sido escritos los textos primitivos. En todo caso, no pueden ser posteriores a los años 120-150 D.C. ya que Ireneo, el obispo ortodoxo de Lyon, escribiendo hacia el año 180 D.C. dice que los herejes «se jactan de poseer más evangelios de los que realmente existen», y se queja de la gran circulación que han alcanzado dichos textos.

Los textos fueron encontrados enterrados, dentro de una vasija de greda, y habían permanecido prácticamente ignorados hasta hoy como resultado de la lucha infatigable dada en su contra por los cristianos primitivos. Todos los textos encontrados en Nag Hammadi habían sido denunciados como heréticos, por los cristianos ortodoxos, en la mitad del siglo II. Casi todo lo que se sabía de ellos, antes de su descubrimiento, procedía de lo que sus oponentes habían escrito para atacarles. El mismo Ireneo escribió cinco volúmenes titulados «Refutación y derrocamiento de la falsamente llamada Gnosis», describiendo algunos de los textos a que nos estamos refiriendo como «especialmente llenos de blasfemias».

A partir del siglo IV, tras la conversión al cristianismo del emperador Constantino, el castigo a los herejes fue más severo. La posesión de libros denunciados como heréticos se convirtió en delito y los ejemplares encontrados eran destruídos. Hasta los descubrimientos de Nag Hammadi no existían textos originales en los que pudieran estudiarse sus planteamientos. Desde que terminó su publicación, la que demoró cerca de 30 años por diversas dificultades de orden académico pues todos querían «ser los primeros», se han multiplicado las investigaciones y existe una gran bibliografía sobre ellos.

Estas investigaciones han demostrado que la tradición cristiana representa sólo una pequeña selección de fuentes, elegidas entre docenas. Quién hizo la selección, por qué motivo, por qué se excluyeron los demás escritos, porqué fueron prohibidos como heréticos, qué los hacía tan peligrosos, son preguntas que tienen explicaciones políticas y sociales, además de religiosas. Los debates que promovían estos evangelios gnósticos eran cruciales para el desarrollo del cristianismo como religión institucional. Es por eso que a ideas cuyas implicaciones eran contrarias a dicho desarrollo, se les colocó la etiqueta de «herejías», mientras que ideas que lo apoyaban implícitamente se consideraron «ortodoxas».

Diferencias entre ortodoxos y gnósticos.

Después del descubrimiento de Nag Hammadi se pudo estudiar por primera vez «la otra cara de la medalla», esto es, lo que los gnósticos atacaban de los ortodoxos. El Segundo Tratado del Gran Set señalaba: «eramos odiados y perseguidos, no sólo por aquellos que son ignorantes (paganos) sino también por aquellos que creen estar promoviendo el nombre de Cristo, toda vez que están vacíos sin saberlo, no sabiendo quienes son, igual que animales estúpidos».

Para los gnósticos, la iglesia católica era una iglesia de imitación, una falsificación. Tales cristianos -decían- inmersos en una ciega arrogancia pretenden poseer la legitimidad exclusiva: «Algunos que no entienden el misterio hablan de cosas que no comprenden, pero se jactan de que el misterio de la verdad 
les pertenece a ellos solos». Alrededor del año 200, la controversia entre ortodoxos y gnósticos estaba en su punto más alto. Ambos creían representar la iglesia verdadera y se acusaban mutuamente de ser intrusos, hermanos falsos e hipócritas. La diferencia fundamental se centraba en quiénes podían formar parte de lo que ambos denominaban «iglesia verdadera».

Según los gnósticos, aplicando criterios cualitativos, ellos representaban sólo a los pocos elegidos. El bautismo, por ejemplo, para ellos no significaba nada: «mucha gente se sumerge en el agua y vuelve a salir sin haber recibido nada» ( Evangelio de Felipe). En general - pensaban ellos - la comunidad simplemente imitaba. Ellos, en cambio, citando un dicho de Jesús: "Por sus frutos los conoceréis", exigían pruebas de madurez espiritual para demostrar que se pertenecía a la iglesia verdadera.

Para los ortodoxos bastaba cumplir requisitos objetivos para ser miembro de la iglesia : confesar el credo, aceptar el ritual del bautismo, participar en el culto y obedecer al clero. A principios de la consolidación de la iglesia como institución, la unificación del movimiento era esencial y se eliminaron los criterios cualitativos para pertenecer a la iglesia. Valorar a cada candidato según su madurez espiritual, percepción o santidad personal - como pretendían los gnósticos - requería una organización mucho más compleja y además excluía a muchos. Para la iglesia era fundamental ser católica, es decir, universal, con la mayor cantidad de personas bajo su mando: «Que nadie haga nada relativo a la Iglesia sin el obispo. Considérase válida la eucaristía celebrada por el obispo o por la persona que él designe... Dondequiera que el obispo ofrezca (la eucaristía), que esté allí presente la congregación, del mismo modo que la Iglesia Católica está dondequiera que está Jesucristo... No es legítimo ni bautizar ni celebrar ágape (banquete de culto) sin el obispo... Unirse al obispo es unirse a la Iglesia; separarse del obispo es separarse no sólo de la Iglesia, sino del propio Dios». (Ignacio, obispo de Antioquía, ortodoxo; Carta a los de Esmirna,8,1-2)

Ireneo, el crítico radical del gnosticismo decía que «la verdadera gnosis es la que consiste en la doctrina de los apóstoles y la antigua constitución de la Iglesia a lo largo y ancho de todo el mundo». Para él, sólo la Iglesia Católica brinda un «sistema de doctrina completo», proclamando un Dios único, creador y padre de Cristo, que encarnó, sufrió, murió y resucitó corporalmente de entre los muertos. Fuera de la iglesia no hay salvación: «ella es la entrada a la vida; todas las demás son ladronas y salteadoras».(Ireneo, Adversus Haereses, IV.33.8)

Los gnósticos, por el contrario, afirmaban que lo que distingue la iglesia falsa de la verdadera no es su relación con el clero, sino el nivel de comprensión de sus miembros. Aquellos que son de la vida - declara 
el Apocalipsis de Pedro - habiendo sido iluminados, discriminan por cuenta propia entre lo que es verdadero y lo que es falso. No tratan de dominar a los otros ni se someten a los obispos y diáconos, aquellos «canales sin agua».

En el fondo, los gnósticos se preocupaban de su propio desarrollo espiritual como individuos, mostrándose indiferentes ante las responsabilidades de la iglesia con la comunidad.

Conocimiento Secreto.

A diferencia de los evangelios del Nuevo Testamento, los evangelios llamados gnósticos, se identificaban 
a sí mismos como «secretos». El Libro Secreto de Juan, por ejemplo, comienza ofreciendo revelar «los misterios y cosas escondidas en el silencio» que Jesús enseñó a sus discípulos. Estas serían enseñanzas ocultas a los ojos de «los muchos».

En general, la gnosis no se presenta como una nueva religión. Lo que pretende es poseer el esoterismo (lo oculto, reservado) de religiones preexistentes: fundamentalmente del cristianismo, el judaísmo, el islamismo. Casi siempre los gnósticos fundan escuelas de iniciación, en que van comunicando los misterios a los aspirantes a medida que maduran, por medio de revelaciones sucesivas.

En la gnosis cristiana Jesús es considerado el poseedor de secretos salvadores. Después de su ascensión a los cielos, habría impartido una enseñanza secreta indispensable para comprender el sentido oculto de 
los evangelios. Y del mismo modo como Jesús reservó esta enseñanza a un grupo reducido de discípulos de ambos sexos, la instrucción de los misterios gnósticos se dispensa sólo a unos pocos dignos de ella. «Pocos pueden poseer este conocimiento; uno entre mil, dos entre diez mil». (Evangelio de Tomás).

Tipo de Conocimiento.

Este secreto es un verdadero «conocimiento» (gnóstico viene del griego «gnosis», palabra que suele traducirse como conocimiento). Pero gnosis no significa conocimiento racional. La lengua griega distingue entre conocimiento científico o reflexivo (teoría) y conocimiento por observación o experiencia, que es la gnosis. Tal como la utilizan los gnósticos se podría traducir como «intuición» ya que la gnosis entraña un proceso intuitivo de uno mismo.

Al estudiar los textos gnósticos se puede ver que se trata menos de un conocimiento , que de una revelación secreta y misteriosa... "la gnosis es una experiencia interior destinada a convertirse en estado inamisible (del latín inamissibilis: que no puede perderse), a través del cual, en el curso de una iluminación que es regeneración y divinización, el hombre se encuentra en su verdad, vuelve a recordar y adquiere otra vez consciencia de sí mismo, o sea que conoce simultáneamente su naturaleza y origen auténticos. A través de esta experiencia se conoce o se reconoce en Dios, conoce a Dios, aparece ante sí mismo como emanado de Dios y ajeno al mundo, adquiriendo así, con la posesión de su «yo» y de su verdadera condición, la explicación de su destino y la certidumbre definitiva de su salvación, al descubrirse merecidamente salvado para toda la eternidad".

Un «conocimiento» tal, una «revelación» semejante convierten a quien lo posee en un ser prestigioso, «pues un hombre es un ser viviente divino, que no debe ser comparado con los demás seres vivientes, sino con los que habitan allá arriba, en el cielo, y que se llaman dioses»,

La gnosis - simbolizada por el fuego - arranca el alma del elegido del espeso «sueño» en que se hallaba sumida. Una vez que ha sido alcanzada constituye un conocimiento total, inmediato, que el individuo posee enteramente o del que carece en absoluto, que abarca al Hombre, al Cosmos y a la Divinidad. Para los gnósticos es ese conocimiento lo que salva al individuo.

Camino al Conocimiento.

Según los gnósticos, Jesús vino al mundo a señalar la senda para encontrar el camino del conocimiento. Más que ofrecer una serie de respuestas, lo que él buscaba era ser un estímulo para iniciar una búsqueda: «Buscad e inquirid sobre los caminos que debiérais seguir, pues no hay nada tan bueno como esto» (Enseñanza Autorizada; Texto de Nag Hammadi,34,20-23).

Los cristianos ortodoxos rechazaban la idea gnóstica que el conocimiento de Dios pudiera lograrse conociéndose a sí mismo . Ellos postulaban el conocimiento de Dios sólo a través de Cristo: «Le dice Tomás: «Señor, no sabemos a donde vas, ¿cómo podemos saber el camino?. Responde Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí». Este texto de Juan (Juan, 145-6) es contado levemente distinto por los evangelios gnósticos, El Diálogo del Salvador, por ejemplo, cuenta que cuando los discípulos hicieron esa pregunta a Jesús, éste respondió: «el lugar a que podéis llegar, ¡colocaos allí!.» El Evangelio de Tomás relata que Jesús se habría limitado a decir: «Hay luz dentro de un hombre de luz e ilumina al hombre entero. Si no brilla es oscuridad». Ambos dichos lo que hacen claramente es dirigir al hombre hacia sí mismo, hacia la «luz de adentro».

Para los gnósticos, los ortodoxos «no buscan ... a Dios ... no inquieren acerca de Dios... el hombre insensato oye la llamada, pero ignora el lugar de donde ha sido llamado. Y no pregunta, durante la prédica, ¿Dónde está el templo en que debería entrar para adorar? (Enseñanza autorizada, 33, 3-44). Se limitan a creer las prédicas que oyen, sin hacer preguntas, aceptando el culto y, lo que es peor, censurando a quienes preguntan acerca de su salvación».

Ya que la ignorancia, y no el pecado es lo que causa el sufrimiento de los hombres, el movimiento gnóstico valora sobre todo el conocimiento. Y como el más importante, el autoconocimiento, que es percepción íntima. Careciendo de él, la persona tiene la sensación de ser movida por impulsos que no entiende. Esta 
es una idea totalmente moderna, compartida hoy por la psiquiatría. La mayoría de la gente vive en el olvido, o, por decirlo en términos contemporáneos, en el inconsciente. Y al permanecer inconsciente de su propio ser, el hombre pierde sus raíces.

Quien es ignorante, «creatura del olvido», (Evangelio de la verdad) no puede experimentar satisfacción. 
Una persona así, sólo vive en deficiencia. Y la deficiencia consiste en ignorancia: «como con la ignorancia de alguien, cuando llega a tener conocimiento, su ignorancia se evapora por sí sola, del mismo modo que la oscuridad desaparece cuando aparece la luz, también la deficiencia se evapora con la satisfacción». (Diálogo del Salvador; 177)

La ignorancia de uno mismo es, por lo tanto, para los gnósticos una forma de autodestrucción: «Si uno no entiende como nació el fuego, se quemará en él, porque no conoce su raíz. Si uno no entiende primero el agua, no sabe nada... Si uno no entiende como nació el viento que sopla, correrá con él. Si uno no entiende como nació el cuerpo que lleva, perecerá con él... Quienquiera que no entienda como vino, no entenderá cómo se irá... (Diálogo del Salvador;177).

La psicoterapia y los gnósticos están de acuerdo al decir que la psiquis lleva dentro de sí el potencial para la liberación o la destrucción. Según el Evangelio de Tomás, Jesús habría dicho «Si sacas lo que está dentro de tí, lo que saques te salvará. Si no sacas lo que está dentro de tí, lo que no saques te destruirá. Reconoce lo que está ante tus ojos y lo que está oculto te será revelado».

Silvano, cuyas Enseñanzas se encontraban entre los textos encontrados en Nag Hammadi pide: «Poned fin al sueño que pesa con fuerza sobre vosotros. Partid del olvido que os llena de tinieblas ... ¿Por qué perseguís la oscuridad, aunque la luz esté a vuestra disposición? ... La Sabiduría os llama y, pese a ello, vosotros deseáis la necedad... Un hombre necio ... sigue los caminos del deseo de toda pasión. Nada en los deseos de la vida y se ha ido a pique ... es como un barco que el viento zarandea de un lado a otro y como un caballo suelto que no tiene jinete. Porque este (caballo) necesitaba al jinete, que es la razón... , antes que todo lo demás... conócete a ti mismo».

El Evangelio de Tomás advierte que el descubrimiento provoca una gran confusión interior. «Jesús dijo: «Que aquél que busca siga buscando hasta que encuentre. Cuando encuentre, se turbará. Cuando se turbe, quedará asombrado y gobernará sobre todas las cosas»

Los gnósticos cristianos interpretaban el Reino de Dios no como un hecho real esperado en la historia, sino como una transformación interna: «Jesús dice: Si aquellos que os guían os dicen: Mirad, el Reino está en el cielo, entonces los pájaros llegarán antes que vosotros. Si os dicen: Está en el mar, entonces, los peces llegarán antes que vosotros. En vez de ello es un estado de autodescubrimiento. El Reino de Dios está dentro de vosotros y fuera de vosotros. Cuando lleguéis a conoceros a vosotros mismos, entonces seréis conocidos y os daréis cuenta de que sois los hijos del Padre que vive. Pero si no os conocéis a vosotros mismos, entonces moráis en la pobreza y vosotros sois esa pobreza» (Evangelio de Tomás).

Conocimiento Salvador.

El gnóstico se salva mediante el conocimiento. Pero, ¿de qué se salva?. La doctrina gnóstica, por lo mismo que no existe una iglesia unificadora de criterios, es riquísima. Se pueden encontrar entre ellas infinidad de explicaciones sobre la creación del mundo y del hombre, sobre el papel del hombre en el mundo, la reencarnación, la resurrección de Cristo, el concepto de divinidad, entre otras. Sin embargo, hay principios en los que todos están más o menos de acuerdo. Es así que podemos decir que el conocimiento libera al hombre, en primer lugar de su cuerpo. El cuerpo es considerado una prisión del propio yo: «Yo soy un dios, hijo de dioses, brillante, centellante, resplandeciente, radiante, perfumado y hermoso, pero ahora he caído en la miseria. Innumerables y repugnantes diablos se apoderaron de mí y me redujeron a la impotencia» (Texto kanteo). «Yo sufro en mi vestimenta corporal a la que ellos me trajeron y me arrojaron». (Ginzá, Libro sagrado de los mazdeístas) .

El cuerpo es algo ajeno, que debemos soportar. Es una «tumba», una «prisión», un «cadáver», un «compañero indeseable», un «intruso», un «dragón devorador». Es un instrumento de humillación y sufrimiento, que hunde al espíritu en un sopor abyecto, en el «degradante olvido de su origen».

Y no sólo el cuerpo domina al hombre, sino también un conjunto de pasiones, de demonios que penetran en su alma produciendo en ella deseos inferiores y groseros. El hombre posee dos almas: un alma celeste, su verdadero «yo» y un alma inferior puesta en él por los demonios para obligarlo a pecar.

En segundo lugar, el hombre gnóstico se siente arrojado a un mundo ajeno, absurdo, con el que no tiene afinidad. El mundo es el sitio de la muerte, la fealdad y el mal. «Libéranos de la oscuridad de este mundo al que hemos sido arrojados».

Según algunos gnósticos, no hay un mundo sino una multitud innumerable de mundos inacabados. Este que habitamos se halla rodeado por «tinieblas exteriores», por «un gran mar» que no es otro que el firmamento, que son barreras que impiden la evasión fuera de él.

El cosmos visible es el dominio de la sucesión de nacimientos y muertes, la región en que se hallan aprisionadas las almas superiores desde su caída a la materia. La mayor parte de los gnósticos cree en la reencarnación, lo que da optimismo a su visión . La suerte de los hombres inferiores sólo es desesperada para esta encarnación, ya que nada impide que en encarnaciones posteriores vayan transformándose en seres «espirituales».

Arrojado al mundo, el hombre aspira desesperadamente a un «más allá» que es donde se encuentra la verdadera vida, en libertad y plenitud. El hombre -dicen los gnósticos- tiene dentro de sí un principio divino exiliado aquí abajo. Mediante el conocimiento, él reconoce su origen y así se salva: «el conocimiento del hombre es el comienzo de la perfección».

El hombre está en el mundo, pero no es del mundo. El mundo y su existencia en él es algo malo ya que es una mezcla violenta y anormal de dos naturalezas o dos modos de ser contrarios e irreconciliables, con exigencias opuestas.

Si el mundo es malo, el lugar donde las almas sufren, ¿quién lo creó? ¿porqué lo creó?. Existen muchas y complejas explicaciones entre los gnósticos sobre quién habría creado este mundo tan imperfecto. Sin embargo, en general, siempre vuelve la idea que el mundo no fue creado por el verdadero Dios, sino por un poder inferior. El Demiurgo (Dios creador) es presentado con frecuencia como un obrero inexperto que se esfuerza por copiar la obra del verdadero Dios.

Si bien la gnosis es una actitud fundamentalmente dualista que opone al mundo y Dios, la luz y las tinieblas, lo superior y lo inferior, el hombre participa tanto del mundo inferior como de la naturaleza divina. Es un destello luminoso aprisionado en la carne. El alma, la parte superior del hombre es siempre un fragmento luminoso sustraído de la divinidad y aprisionado en la tierra. El problema es saber cómo el alma - chispa divina extraviada en la tierra - puede retornar a las regiones de donde ha caído.

La gnosis es reminiscencia: recuerda al elegido su primer estado: «Si estás hecho de vida y de luz y adviertes que esa es tu naturaleza, volverás a la vida y a la luz». El hombre que recibe la «luz», separa de él las pasiones que lo dominaban. La gnosis es el conocimiento del camino hacia lo alto y de los medios empleados para seguirlo. «Pero el hombre sólo puede llegar a ella si advierte que él mismo es, en pequeño, el mundo entero. El hombre es un microcosmos donde aparecen todos los poderes y sustancias del macrocosmos. Se compone de materia, pero contiene también el Logos, el Espíritu divino viviente que reina sobre las regiones superiores del Cosmos».

Conclusión.

Los descubrimientos de Nag Hammadi han replanteado cuestiones fundamentales a los estudiosos del desarrollo del cristianismo. Tal vez si la iglesia naciente no hubiera logrado una estructura organizativa y teológica tan firme, el cristianismo hubiera desaparecido de la historia, junto con decenas de cultos religiosos que rivalizaron con él en la antigüedad.

Sin embargo, no debemos perder de vista que los cristianos, tanto ortodoxos como gnósticos, al igual que toda la gente religiosa, defiende sus ideas como expresión de una particular experiencia religiosa. El gnosticismo y la ortodoxia expresan clases muy diferentes de experiencia humana y por lo mismo, atrae a tipos muy diferentes de personas.

El gnóstico es individualista, no puede aceptar como acto de fe lo que digan otros. Sólo basándose en la experiencia inmediata podrá estar seguro de haber alcanzado realmente la gnosis. Para él, no hay nada comparable con la propia experiencia.

El cristiano ortodoxo, por el contrario, busca otra cosa. Para él es mucho más importante su relación con los otros. Cristo no conduce las almas fuera de este mundo para llevarlas a la iluminación, sino que él representa «la plenitud de Dios», bajando a la tierra con el fin de sacralizar la experiencia humana. El convertir en sagrada la vida corriente se manifiesta en rituales destinados a celebrar los principales acontecimientos de la vida: compartir los alimentos, en la eucaristía; la sexualidad, en el matrimonio; el nacimiento, en el bautismo; la enfermedad, en la unción, y la muerte, en los entierros. Todos estos actos se celebran en comunidad y todo el cuerpo social se hace partícipe de ellos.

Mientras el gnóstico se ve a sí mismo «uno entre mil, dos entre diez mil», el ortodoxo se ve como miembro de la familia humana y de la iglesia universal.


Rebeca Bordeu
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Más Información:
Serge Hutin.- Los Gnósticos.- Editorial Universitaria
Elaine Pagels.- Los Evangelios Gnósticos.- Grijalbo
Pierre Crépon.- Los Evangelios Apócrifos.- Edaf

miércoles, 11 de julio de 2012

Por qué estaba Einstein equivocado sobre la relatividad

Imagine que está en una bicicleta, pedaleando a través del cosmos. Un rayo de luz -quizás enviado por una distante estrella que colapsa- lo pasa zumbando. ¿A qué velocidad se acercan usted y la luz? Usted viaja a casi nada de velocidad, de modo que la respuesta será más o menos exactamente la velocidad de la luz a través del vacío interestelar, unos 300 millones de metros por segundo

Ahora imagine que abandona los pedales por un día. A la velocidad de su nave espacial, la mitad de la velocidad de la luz, se encuentra con otro pulso de luz de frente. ¿Cuál es ahora su velocidad de aproximación? Seguramente su velocidad más la de la luz: en total, una vez y media la velocidad de la luz.

Equivocado. Su velocidad de acercamiento será la velocidad de la luz, nada más; y es verdad sin importar qué tan rápido esté viajando. Bienvenido al raro mundo de la relatividad especial de Einstein, donde las cosas se encogen a medida que aceleran, y donde el tiempo se distorsiona tanto que incluso hablar sobre eventos simultáneos no tiene sentido. Todo eso viene, como Albert Einstein demostró, del hecho de que la luz siempre se desplaza a la misma velocidad, sea como sea que la mire.

¿De veras? Mitchell Feigenbaum, físico en la Rockefeller University en Nueva York, no está de acuerdo. Es el último y más prominente en una línea de investigadores que insisten en que la teoría de Einstein no tiene nada que ver con la luz, sin importar lo que la historia y los libros de texto podrían decir. "No sólo no es necesaria", dice, "sino que no hay absolutamente ningún espacio para ella en la teoría".

Y además, Feigenbaum afirma en un trabajo en el servidor arXiv que todavía tiene que ser examinado por sus colegas, que si el padre de la relatividad, Galileo Galilei, hubiera sabido un poco más de matemática moderna allá en el siglo XVII, podría haber llegado tan lejos como Einstein. Las ideas de Galileo tienen casi 400 años", dice. "Pero todavía son extraordinariamente potentes. Son suficientes por sí mismas para llegar a la relatividad de Einstein, sin ningún conocimiento adicional".

Esta afirmación ha puesto a pensar a otros físicos. Lleve el argumento de Feigenbaum un paso más allá, dicen algunos, y hace mucho tiempo podríamos haber visto nuestro camino no sólo a la relatividad de Einstein sino también a la idea de un universo en expansión -incluso uno cuya expansión se acelera- sin los trastornos intelectuales que nos han llevado hoy a esas conclusiones.

La discusión se centra en dos suposiciones que Einstein hizo cuando formuló su teoría de la relatividad especial en 1905. La primero es no-controversial: que las leyes de la física deberían verse iguales para cualquiera en reposo o en movimiento constante. Digamos que estoy de pie inmóvil y que usted se está moviendo sobre un tren que viaja a una velocidad constante en línea recta, en otras palabras, a una velocidad constante. Para usted en el tren, yo soy el que parece estar en movimiento. Pero en realidad no importa quién se está moviendo "realmente" en comparación con quién; aunque las velocidades percibidas dependen del punto de vista, las leyes físicas que gobiernan el movimiento permanecen invariables.

Éste es el principio de relatividad propuesto por Galileo en Un diálogo con respecto a los dos sistemas principales del mundo, su tratado de 1632 que lo puso en agua caliente con la iglesia católica por discutir la idea de Copérnico de que la Tierra gira alrededor del Sol. Galileo escribe sobre un pasajero dentro de una embarcación que puede decir si se está moviendo o si permanece quieta "mientras el movimiento sea uniforme y no fluctúe a un lado y otro". La analogía apuntaba a los escépticos que creían que la Tierra no podía estar moviéndose porque ellos no podían sentirlo.

La relatividad de Galileo sirvió durante casi 250 años. Pero cuando el físico escocés James Clerk Maxwell obtenía su teoría de electricidad y magnetismo a fines del siglo XIX, tropezó con una dificultad. Las ecuaciones de Maxwell definían que la luz es una onda que viaja a una velocidad constante. Pero, curiosamente, no mencionan desde qué punto de vista es medida esta velocidad.

Era un problema si la teoría de Maxwell, como todas las buenas teorías físicas, fuera a seguir la regla de Galileo y ser aplicable a todo. Si no sabemos quién mide la velocidad de la luz en las ecuaciones, ¿cómo podemos modificarlas para aplicarlas desde otras perspectivas? El recurso Einstein es lo que no tenemos que hacer. Enfrentado con el éxito de la teoría de Maxwell, simplemente añadió una segunda suposición a la primera de Galileo: que, en relación con cualquier observador, la luz siempre viaja a la misma velocidad.

Esta "segunda premisa" es el origen de toda la física excéntrica de Einstein de encoger el espacio y enloquecer relojes. Y con un poco de pensamiento adicional, conduce a la equivalencia de la masa y la energía encarnada en la icónica ecuación E = mc2. El argumento no se dirige a la física, que incontables experimentos han confirmado. Se trata sobre si podemos llegar a las mismas conclusiones sin poner a la luz sobre su pedestal muy irregular.

De acuerdo con David Mermin, que ha enseñado relatividad en la Cornell University en Itaca, Nueva York, durante 30 años, ha surgido un consenso de que sí podemos, aunque este cambio tiene que ser filtrado por una audiencia más amplia. "Todos los libros de texto enseñan la relatividad sobre los principios de Einstein", dice. "Y hay un malentendido sumamente extendido de que la relatividad está de algún modo atada con la luz".

Hace dos años, la perplejidad sobre la lógica de la relatividad de Feigenbaum lo llevó al Diálogo, de Galileo. "El libro me dejó casi fuera de combate", dice. "Cuando terminé de leerlo, me pregunté que si uno toma seriamente lo que dice, ¿qué puede uno producir?" Así que se sentó y empezó a calcular como Galileo podría haberlo hecho, pero usando la matemática más sofisticada de hoy.

Empieza con una situación simple. Usted está de pie y observa a un amigo, Frank, que pasa en un tren a 50 km/h hacia el este. Frank, por otro lado, tiene sus ojos sobre Kate, a quien ve retroceder a 50 km/h, hacia el norte. Feigenbaum hace una simple pregunta: ¿cómo ve usted el movimiento de Kate?

Parece natural que la velocidad de Kate en relación con usted debería ser en cierto sentido la suma de la velocidad de Frank en relación con usted y la de Kate en relación con Frank. El hecho de que Frank vea a Kate retrocediendo hacia el norte y manteniéndose con su movimiento hacia el este implica que, desde su punto de vista estacionario, el movimiento de Kate va hacia el noreste.

Pero ahora intercambie los movimientos de Frank y Kate. Frank está viajando a 50 km/h hacia el norte en relación con usted, y Kate a 50 km/h hacia el este en relación con Frank. Esto no debería afectar a cómo está viajando Kate en relación con usted; todavía la verá alejarse hacia el nordeste.

Sin duda, Galileo lo habría dicho. Sólo con la introducción de Einstein de un espacio-tiempo curvo, como él pensaba, por una velocidad universal de la luz, se puso en claro que las reglas de sumar movimientos no eran tan simples como eso. Pero a decir verdad, dice Feigenbaum, tanto Galileo como Einstein saltearon una sorprendente sutileza en matemática, una que hace superflua la segunda premisa de Einstein.

Es ésta: si el mundo de Frank está alineado con el suyo -si el norte y el este de usted y Frank apuntan en la misma dirección- y el mundo de Kate está alineado con el de Frank de manera similar, se podría pensar que el de Kate está alineado con el suyo. El problema es que la lógica matemática sola no permite esa conclusión. Aunque parezca extraño, de hecho permite una posibilidad diferente y es que el mundo de Kate podía estar girado con respecto al suyo -incluso si está perfectamente alineado con el de Frank y el de Frank perfectamente alineado con el suyo.

Esto significa que, mientras todavía vemos a Kate saliendo hacia el noreste, usted también podría verla ligeramente distorsionada hacia la izquierda o la derecha, en relación con su dirección de movimiento. La dirección de la rotación, y por lo tanto, el movimiento de Kate según lo ve usted, dependería de cuáles son los movimientos relativos de usted y Frank, y los de Frank y Kate.

La posibilidad de tales rotaciones resulta tener consecuencias trascendentales. Si las ignora, surge la relatividad de Galileo. Si las admite, el álgebra funciona de manera muy diferente: el mutilado espacio-tiempo de la relatividad de Einstein emerge, completa con una definitiva máxima pero inespecífica velocidad que la suma de las respectivas velocidades individuales no puede exceder. "Estas rotaciones son difíciles de comprender", dice Feigenbaum, "pero son la fuente de la física".

Feigenbaum enfatiza que no es la primera persona en cuestionar la segunda premisa de Einstein o en llegar a la idea de esas rotaciones raras. Aún así, Mermin está impresionado. "La manera de Mitch para obtener la teoría es muy complicada", dice, "pero las rotaciones ocurren de una manera muy natural y hermosa".

El resultado vuelve de cabeza la lógica histórica de la relatividad de Einstein. Esas contorsiones del espacio y el tiempo que Einstein obtuvo de las propiedades de la luz aparecen en realidad de consideraciones aun más básicas y simplemente matemáticas. La posición especial de la luz en la relatividad es un accidente histórico: era el primer fenómeno (y todavía es el más obvio) con que nos hemos encontrado que viaja a la máxima velocidad universal.

La idea de que la relatividad de Einstein no tiene nada que ver con la luz podría venir bien, en realidad. En primer lugar, elimina un desagradable impacto si alguien alguna vez fuera probar que los fotones, las partículas de luz, tienen masa. Sabemos que la masa de los fotones es muy pequeña, menos de 10-49 gramos. Un fotón con cualquier masa en cualquier caso implicaría que nuestro conocimiento de electricidad y magnetismo está equivocado, y que esa carga eléctrica no podría ser conservada. Sería suficiente problema, pero un fotón masivo también significaría un profundo problema para la segunda premisa, ya que un fotón con masa no necesariamente se desplazaría siempre a la misma velocidad. El trabajo de Feigenbaum muestra cómo, en contra de la creencia de muchos físicos, no necesita ser un problema para la relatividad.

"Las ideas de Feigenbaum podían ser muy provechosas para corregir esta falsa idea", dice Sergio Cacciatori, físico de la Universidad de Insubria en Como, Italia. Sugiere que reflexiones adicionales sobre líneas similares podrían revelar mucho más sobre el universo. Con su colega Vittorio Gorini, y Alexander Kamenshchik del Landau Institute para física teórica en Moscú, Rusia, ha explorado qué ocurriría si se tomaran las conclusiones de Feigenbaum sobre sumar movimientos y los aplicó a los cambios de posición. ¿Qué pasaría si el lugar donde termina después de dos desplazamientos consecutivos dependiera del orden de su ocurrencia?

En el mundo a nuestro alrededor es obviamente una muy buena aproximación a la realidad que, si hace 20 pasos hacia adelante y 10 a la izquierda, se termina en el mismo lugar que si hubiera hecho 10 a la izquierda y luego 20 hacia adelante. En las vastas escalas del cosmos, sin embargo, esa misma suposición podría ser peligrosamente engañosa. Implica requerir que el universo tenga una geometría plana y Euclidiana, una como la de nuestro ambiente inmediato, en el cual las líneas paralelas nunca se cruzan y los ángulos interior de los triángulos suman 180 grados.

Abandone esa suposición, Cacciatori y sus colegas muestran, y las cosas se ven muy diferentes. El universo no es plano y Euclidiano, sino que se curva sobre sí mismo, creando una geometría semejante a la de la superficie de una esfera como la Tierra, donde las líneas paralelas de la longitud convergen en los polos y los ángulos internos de los triángulos suman más de 180 grados.

Ese descubrimiento es significativo porque alimenta un debate de larga data sobre la forma -y el destino- del universo. En 1916, Einstein fusionó la relatividad especial con las ideas de la gravitación de Newton para crear una teoría universal de la gravedad, conocida como la teoría general de la relatividad. La relatividad general predice que la masa y la energía deforman el espacio y el tiempo, y que la distribución de la masa y la energía determina la geometría del universo.

Destino predecible

Cuando Einstein aplicó estas ideas para calcular la dinámica del universo, el resultado fue decididamente raro: la gravedad del universo deforma tanto su estructura que se vuelve inestable y colapsa hacia dentro de sí mismo. Para evitar esta conclusión desalentadora y aparentemente disparatada, Einstein añadió una nueva cantidad a su mezcla relativista general, la "constante cosmológica", para contrarrestar la gravedad y crear un universo estable y estático. La geometría de este universo era curvada y cerrada sobre sí misma -algo como la superficie tridimensional de una esfera cuatri-dimensional.

La constante de Einstein fue efímera. En 1929, Edwin Hubble encontró evidencias de que las galaxias distantes estaban alejándose de la Tierra, e implicaba que el universo se expandía dinámicamente. Ante estas pruebas, contra un universo estático, Einstein condenó su constante como su "metida de pata más grande".

Sólo recientemente, sin embargo, la constante cosmológica ha vuelto a ponerse de moda. La razón son las pruebas acumuladas por los astrónomos durante la pasada década -en la inesperada palidez de algunas supernovas sumamente distantes, y en el fondo cósmico de microondas, el eco aun resonante del Big Bang- de que la expansión del universo está acelerando. Esa aceleración parece requerir exactamente esa clase de efecto anti-gravitatorio que motivó la constante de Einstein en primer lugar.

La ironía, dice Gorini, es que podríamos haber visto todo el tiempo que algo como la constante cosmológica tiene sentido. Siga la matemática de la relatividad hasta su conclusión lógica, teniendo en cuenta los desplazamientos que se suman de maneras diferentes, y entonces encuentra que el espacio debe tener exactamente la curvatura que una constante cosmológica ayuda a producir. No tiene nada que ver con la distribución de masa, sino que resulta de la lógica matemática.

Si hubiéramos puesto nuestra fe en el razonamiento matemático, ¿podríamos haber sido capaces de predecir la dinámica del universo mucho antes? Gorini cree que sí. Afirma que el matemático alemán Hermann Minkowski llegó cerca de analizar estos efectos de desplazamiento en las conferencias sobre relatividad que dio en 1908. "Si lo hubiera hecho", dice Gorini, "los físicos habrían sabido que el universo se expande, y que su expansión es acelerada, mucho antes del desarrollo de la relatividad general o incluso la observación de Hubble del alejamiento de las galaxias".

Mientras ocurre, en 1968, los físicos Henri Bacry y Jean-Marc Levy-LeBlond de la Universidad de Niza en Francia pronosticaron la existencia de una constante cosmológica de los primeros principios (Journal of Mathematical Physics, vol 9, p 1605). Su trabajo presagiaba lo de Feigenbaum, de Gorini y sus colegas, pero quedó ignorado, en gran parte porque la constante estaba pasada de moda en ese momento.

Contra ese viento científico predominante, habría sido un salto audaz para esos investigadores haber pronosticado la dinámica del universo; para Galileo, hace siglos, aun más. Einstein, el fundamental revolucionario de la física, probablemente habría mostrado una sonrisa de disgusto ante la imagen que está apareciendo ahora. El sorprendente edificio de la nueva física que construyó permanece en pie, incluso mientras sus fundamentos lógicos son reforzados enormemente. Mientras tanto, el poder del razonamiento matemático que revela los secretos del universo continúa asombrando: lo que el físico Eugene Wigner una vez llamó "la irrazonable eficacia de la matemática" es uno de los misterios más profundos de todos ellos.

Fuente: New Scientist. Aportado por Graciela Lorenzo Tillard